Ir por otra ciudad
despojada de compañías
de quien pregunta
de quien dispone
de quien manda.
Sentir, dentro de un sonido lejano
una multitud que me rodea.
Llevar al vuelo de mis pensamientos
la imagen del Castillo,
la luz del faro
paredes, puertas
el olor de algas abandonadas
que me anuncien desnuda de la sombra
que me cuelga
para recibir brisas azules, espumas
y cantos de orilla que vienen y van.

Querida mujer, no estás nunca sola en este grito de encuentro entre la soledad y las ansiedades. Está muy bien escrito, te felicito y te sigo.
ResponderEliminarMe gustó mucho tu paseo, gracias por compartirlo.
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